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El Viceministro y la lectura (dedicado a Idel Vexler Talledo)

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En un hermoso país sudamericano con cerca de 30 millones de habitantes existía un problema muy grande que a su vez generaba otros y otros y otros. Por extraño que parezca,  este país era pobre a pesar de que   la naturaleza había sido demasiado generosa con estas  tierras  cuyas raíces venían de una cultura milenaria.

 El problema era que más del 90 % de la población no podía comprender lo que leía, en consecuencia, no leían  y si lo hacían era  a regañadientes, pero siempre  de manera incompleta. Muchos se habían acostumbrado a plagiar los textos de otros y hacerlos pasar como si fueran suyos y de esta manera podían seguir avanzando en sus estudios secundarios y universitarios hasta convertirse en "profesionales".

 Durante la última década este país había sido evaluado a través de diferentes pruebas nacionales e internacionales  y todos los resultados siempre coincidían: el último puesto en comprensión lectora.

 Consciente de este problema que  generaba tanta pobreza y miseria en un país tan rico en recursos naturales, el Viceministro de Educación que era pedagogo de carrera y amante de la Historia del Perú, decidió con todo su equipo emprender una campaña para que la gente lea y comprenda, entonces:

 -Declararon la educación en emergencia.

-Crearon el plan lector en todos los colegios.

-En el nuevo currículo escolar, por primera vez se creaba un curso exclusivo de comprensión lectora y se le asignaba cinco horas.

-Capacitaron a 300 docentes en una de las mejores universidades del mundo.

-Elaboraron guías de comprensión lectora para los docentes.

-Editaron  miles de textos escolares, focalizados en la comprensión, de distribución gratuita.

-Se crearon módulos de lectura en todo el país.

 Y hacía muchas cosas más  con todo su equipo de trabajo, sin embargo, aún los alumnos no comprendían lo que leían. Él pensaba que era cuestión de tiempo y cada mañana se levantaba con mucho  optimismo y volvía a sus funciones y a cumplir su agenda recargada.

 Cada vez que era invitado para inaugurar un congreso, seminario, encuentro, simposio sobre la lectura, repetía  con un fervor religioso, la importancia de la lectura para el desarrollo integral de las personas y del país. Después señalaba las diferentes acciones que realizaba en su gestión, sin embargo, el Viceministro desconocía un aspecto fundamental para la comprensión de los textos: la fluidez lectora o automaticidad y velocidad en el reconocimiento global de las palabras y frases.

 Un día, en la apertura de un seminario internacional de lectura, había dicho que la velocidad lectora no era importante;  que el alumno debía leer a la velocidad  que le sea de su agrado y que los estándares de velocidad dados por el Banco Mundial no tenían por qué ser tomados en cuenta. Señalaba que la única forma de aprender a leer, era leyendo.

 El buen Viceministro desconocía que la Fluidez Lectora era  uno de los requisitos más importantes para comprender un texto.  Pensaba que la lectura era solo un proceso cognitivo en esencia y que la comprensión era producto de la lectura constante. No podía concebir que la lectura fuera un proceso sumamente complejo y que tuviera diferentes etapas y una de ellas era la parte visual o perceptiva que estaba asociada al reconocimiento automático.

 No concebía que este  reconocimiento automático de las palabras fuese tan importante para que se den otros procesos y alcanzar la comprensión de un texto. Para el Viceministro no era un problema que el alumno leyera silabeando las palabras de esta manera: "mi... a...mi...go... me.....di...di...jo... que..que ... yo...so..soy... ". Total, creía que leer 10, 20 ó 30  palabras por minuto no era un problema, pues el alumno debía leer como mejor le pareciera.

 El buen Viceministro pensaba que la velocidad lectora era un invento del Banco Mundial con fines colonizadores y por ello no había que tenerlos en cuenta. Y lo más grave de esto era que cuando se presentaba (continuamente) en algún congreso o evento vinculado con la lectura, decía a viva voz que la velocidad lectora no era un aspecto importante para la comprensión, y como digo, lo grave era que todos los docentes, directores y funcionarios educativos se creían esta historia y no promovían  actividades para mejorar la velocidad lectora en sus alumnos.

 Pobre Viceministro, no podía concebir que la lectura tenía procesos de bajo, medio y alto nivel; y  que  la decodificación automática, sin errores de omisión, adición o cambio de fonemas o sílabas eran indicadores de una buena fluidez que iban a permitir acceder inmediatamente a los  procesos de medio y alto nivel (semánticos, sintácticos y pragmáticos)  y llegar exitosamente a la comprensión.

 Cuando un alumno decodifica con mucha lentitud, todo su esfuerzo y concentración se centra en la sílaba o palabra por lo que con mucha facilidad se desconcentra y se olvida de la información acumulada en su memoria de corto plazo y al final no puede seguir la secuencia y establecer las relaciones significativas y no comprende.

 Leer exige concentración,  por eso muchos de nosotros hemos leído una página completa y solo cuando llegamos al final nos dimos cuenta de que no habíamos comprendido nada, ¿por qué? Porque nos desconcentramos, porque seguramente estuvimos pensando en otras cosas mientras leíamos. Si el alumno no tiene fluidez cada vez que decodifique perderá la concentración por dedicarse a realizar un esfuerzo adicional en este proceso.

(continúa...)

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