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La visita

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Faltaban dos minutos para la una de la madrugada.  El maullido del gato se escuchó por quinta o sexta vez. A lo lejos, algún policía hacía pitar su silbato quizá para consolar a la noche o quizá para disimular la soledad y el miedo.   

La noche, como nunca, me pareció muy larga, entonces,  lentamente me puse de pie, dejé mis viejos  anteojos sobre el escritorio y me acerqué a la  pequeña ventana que estaba frente a  una calle angosta y casi siempre vacía, salvo todos los viernes a esa  hora y desde hacía más de un año.  

Por un momento sentí -sin ningún temor-  una especie de mareo, como si recién despertara de un corto sueño; abrí los ojos lo más que pude, pero -como siempre-  ya no pude ver nada, absolutamente nada.  Por  el contrario, mis oídos se agudizaron y empecé a escuchar, con alegría, sus delicadas pisadas cual  si fueran gotas de una llovizna que recién empieza.  

No necesitaba los  ojos para ver pues en mi mente se dibujaba cada centímetro de la calle y cada célula de su hermoso cuerpo.  Ella, como todos los viernes desde el día en que murió,  venía a acompañarme y a evitar que siguiera  los pasos incomprensibles de la muerte.

Puse mis  manos abiertas y temblorosas  sobre el  cristal  de la ventana y  solo entonces sentí el frío  de la noche;   cuando ella se fue acercando y se detuvo frente a mí, pude imaginar su rostro angelical,  su mirada  bondadosa, sus labios finos y provocadores, su voz musical  repitiendo mi nombre.  

Fueron pocos los segundos que estuvimos juntos, sin embargo, cuando mis ojos reconocieron la tristeza de la calle, ya empezaba a amanecer.

 

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Comentarios La visita

Hermosísima experiencia tierna, íntima has expresado aquí. Las descripciones son muy ricas y a flor de piel.
Hay un tiempo del relato que no coincide con el real...eso le da  el toque a la historia y el interesante cierre. Muy bueno! Felicitaciones!
Un abrazo desde Argentina.
Gracias, por tus palabras, Mª Laura, a veces me dan ganas de escribir y  ya... aunque es un atrevimiento cuando no se tiene el oficio de escritor, pero por algo empezamos.
oye me encantó tu relato, sería bueno que publiques mas
Aldo Aldo 19/08/2009 a las 07:25

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