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-HABER, HIJO, EMPIEZA A LEER EN VOZ ALTA... MIENTRAS VEO LA TELE...

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HISTORIA 1

- Papá, desaprobé el examen de Historia...

- Pero, hijo, por qué no estudiaste; tenías  toda la tarde de ayer  para leer.

- Lo que pasó es que me dolía la garganta y por eso no pude leer.

HISTORIA 2

- Pepito empieza a estudiar para tu examen, así que ponte a leer en voz alta que te voy a estar escuchando.

- Está bien papá, empezaré a leer (aunque no comprenda nada).

- Muy bien hijo, debes leer bien para que comprendas todo (mientras tanto yo veré la tele).


En la gran mayoría de estudiantes de los niveles primario y secundario (incluso el universitario) la lectura de estudio es considerada como un proceso necesariamente verbal como si fuera la única manera de leer para comprender. La lectura oral no es la mejor opción para estudiar porque además de estar asociada a la lectura memorística implica una serie de procesos innecesarios que sí se pueden justificar cuando la naturaleza de la lectura lo exija.

Leemos en voz alta cuando tenemos al frente a una o más personas que nos están escuchando, por lo que nuestra lectura oral tiene un destinatario o receptor dispuesto a escucharnos. Este tipo de lectura  es de carácter social, comunicativo, además de poner en acción a nuestros órganos del habla (más por su función,  que por su naturaleza no innata) lo cual implica procesos físicos y fisiológicos que no se dan en la lectura silenciosa o exclusivamente mental.

Estudiar en voz alta genera fatiga bucal, cansancio, aburrimiento, y se vuelve repetitiva dejando el análisis y la síntesis en el abandono por lo que va a estar orientada al aprendizaje memorístico el cual puede funcionar y quizá el alumno pueda obtener una buena nota, pero ese tipo de conocimiento nunca va a generar una inclusión en las estructuras mentales previas y no van a resultar significativos pues a los pocos días no va a recordar nada y es como si nunca hubiera estudiado.

Pero tampoco, podemos culpar a los alumnos de esta forma tan medioeval de estudiar, pues en casi la mayoría de los colegios  se le da más prioridad a la lectura oral. Incluso se dice que aquel alumno que no articula adecuadamente las palabras; omite, aumenta o invierte el orden de las sílabas, NO SABE LEER, así comprenda perfectamente el texto. O sea, saber leer escapa al acto comprensivo por la articulación y entonación perfectas.

Leer en silencio me permite ser rápido en la lectura y más rápido aún en la relectura; podré encontrar las ideas más destacadas a través del análisis que funciona mejor al tener las partes del texto a mi entera disposición y concluir a través de la síntesis producto de la relación significativa entre los párrafos que también los tengo identificados.

Y si a todo lo anterior  le sumamos estrategias metacognitivas como el subrayado, el sumillado y anotaciones y la elaboración de organizadores visuales, entonces, el proceso comprensivo podría ser positivo y eficaz debido a que la lectura abarca una serie de estapas y elementos que aparentemente no son necesarios pero que influyen en una buena comprensión.

Fomentemos la lectura en silencio y desterremos esa vieja idea de que nuestros hijos deben leer en voz alta (para que nosotros podamos escucharlos  y creer que somos buenos padres) para estudiar y obtener mejores notas, cuando -como señalé- podrán tener notas aprobatorias, pero eso no va a garantizar el aprendizaje de los contenidos señalados para su formación.

Gracias por leer

Manuel

 

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