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Cuentos personales 7

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Una enorme culebra permanecía oculta en la espesura del bosque. No había comido absolutamente nada desde hacía veinte días y tenía un hambre tan voraz que no la dejaba en paz. Esperaba que algún inocente animal apareciese para devorarlo y así poder calmar el hambre.

Su largo y escamoso cuerpo estaba cubierto entre las hojas y ramas secas; solo su cabeza permanecía oculta tras unos arbustos. Muy cerca había un hermoso estanque y tarde o temprano tendría que acercarse algún incauto animal para beber de sus aguas.

A los pocos minutos apareció un elefante; estiró su trompa y bebió todo lo que pudo. La serpiente lo miraba con ganas de atraparlo y comérselo, pero se dijo: "Es muy grande y quizá podría reventar si me lo como".

La serpiente vio con resignación como el elefante se marchaba con mucha tranquilidad. Quiso cerrar los ojos y descansar, pero el hambre voraz no le permitía hacerlo.

Minutos después apareció un rinoceronte tan enorme y sediento como el anterior y con toda la tranquilidad del mundo se metió al arroyo y empezó a beber la cristalina agua. La serpiente se movió lentamente, pero se dijo: "Este animalote tiene una narizota tan puntiaguda que si me lo como me podría dañar el paladar, así que por esta vez lo dejaré ir", y volvió a esconderse entre las hojas secas.

Diez minutos después apareció a lo lejos una zorra. La serpiente abrió los ojos e imaginó en el banquete que se daría. La zorra no se acercaba aún al riachuelo porque primero tenía que estar segura de que no había peligro por los alrededores.

La zorra olfateó el ambiente y sintió la presencia de la serpiente que permanecía escondida entre los arbustos y las hojas secas. Entonces fingiendo que no se había dado cuenta empezó a gritar con todas sus fuerzas:

-¡¡¡Un cocodrilo gigante, un cocodrilo gigante!!!

La serpiente que les tenía miedo a los cocodrilos salió de su escondite y trepó hacia lo alto del árbol más cercano para protegerse. En ese momento la zorra aprovechó para tomar el agua y se marchó rápidamente.

Después de unos minutos la serpiente reaccionó y se dio cuenta de que la zorra lo había engañado, sin embargo, entre las ramas de los árboles había encontrado cinco nidos y se comió todos los huevos que encontró. Ahora que había comido algo, se sintió más tranquila y se deslizó suavemente y se dirigió hacia el estanque ya no con el deseo de capturar a algún descuidado animal, sino con el deseo de beber.

 FIN

Manuel Urbina

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Comentarios Cuentos personales 7

oa el amor es malo
prinsesa prinsesa 30/11/2010 a las 23:36

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